TELEMARKETING: Abuso y explotación transfronteriza
Acércate a la Asamblea de trabajadores/as del sector del Telemarketing, que realizaremos este miércoles a las 20:30 en el Centro Social 25 de Marzo (calle Primitivo Leal 2, Badajoz).
Marktel es una de las muchas empresas de telemarketing que, utilizando la estrategia de la deslocalización, somete a la degradación máxima a un sector ya de por sí precarizado. Se trata de una maniobra geográfica calculada que no solo socava los derechos laborales de los
trabajadores, sino que contribuye, además, a la destrucción de empleo en el territorio español y, por tanto, a un inevitable impacto negativo en la economía.
El aprovechamiento de un enclave fronterizo junto a una de las comunidades autónomas de España con más desempleo brinda a MARKTEL la oportunidad de hacer negocio con las necesidades de las personas, siendo cada vez más las empresas que subcontratan sus servicios, aprovechando los bajos costes económicos sustentados por los trabajadores, en su mayoría extremeños, que son llevados al extremo de la precarización por unas condiciones laborales muy inferiores a las que ya vienen siendo abusivas en España.
Recordemos, también, que la historia de MARKTEL en España ha estado marcada por conflictos legales motivados por la implantación de convenios de empresa ilegales y abusivos).
Cuando hablamos de la explotación de MARKTEL no solo denunciamos la estrategia que le permite contratar a españoles bajo una legislación laboral inferior y con un salario de 920 € frente a los 1.224,26 € establecidos en el Convenio Colectivo de Contact Center en España (suponiendo una diferencia anual de 4.263,58 €), sino que denunciamos también una serie de abusos sistemáticos
que la empresa ha normalizado y entre los cuales se encuentran:
• Formaciones no remuneradas o remuneradas a un precio simbólico diario, una vez superado un período de prueba que a la mayoría no les permiten superar.
• Imposición de jornadas de 9 horas con el salario de jornadas de 8 horas.
• Falta de transparencia en el sistema de incentivos y su retribución.
• Hipervigilancia y control extremo de los tiempos de descansos (que en ocasiones se prohíben) y de llamadas, las cuales reiteradamente también son monitorizadas e intervenidas en tiempo real con frecuentes comentarios despectivos por parte de los superiores.
• Incumplimiento de la legislación en materia de teletrabajo y conciliación denegando, en múltiples ocasiones, a trabajadoras en situación de maternidad el derecho al teletrabajo y obligando a trabajadoras acogidas al derecho de lactancia a aceptar puestos de categoría inferior o a firmar baja voluntaria por “no permitir jornadas reducidas en puestos de estructura” vulnerando, en ambos casos, derechos fundamentales amparados por el Código de Trabalho.
• Despidos fraudulentos alegando faltas graves que jamás han existido para recurrir a despidos disciplinarios o mediante la insistencia por parte de los superiores para que firmen una baja voluntaria.
• Cambios de campaña que conllevan un empeoramiento de las condiciones y/o trabajo a realizar con la intención de que la baja voluntaria sea solicitada por los propios trabajadores.
El objetivo de estas estrategias es evidente: recurrir al despido gratuito. Esto se agrava al existir una fácil sustitución de los trabajadores debido a la realización continua de formaciones sumado a los altos niveles de despido en período de prueba que permiten a la empresa disponer de un flujo constante de mano de obra cuya finalización de la relación laboral no le supone ningún coste.
Desde el Sindicato 25 de Marzo, y en colaboración con el STCC (Sindicato dos Trabalhadores de Call Center) de Portugal, seguimos desplegando una campaña de agitación buscando que la organización de las trabajadoras del sector, sin las cuales sus beneficios sería imposible, permite empezar a poner coto estos desmanes.
Sin embargo, la situación de los trabajadores en los Call Center en Badajoz, al igual que en cualquier punto de España, no es muy diferente que la que describíamos anteriormente. Cada día miles de trabajadores se enfrentan a una dura y asfixiante jornada en uno de los empleos
más alienantes generados por el capitalismo moderno: el trabajo de teleoperador. Un trabajo que puede parecer fácil pero que, en la realidad, se convierte en un verdadero infierno para la persona que lo realiza siendo muy común el consumo de ansiolíticos entre los trabajadores del sector.
De hecho, se estima que más del 50% de las plantillas sufren cuadros de estrés y ansiedad debido al monitoreo constante y falta de autonomía, la presión para realizar ventas o atender el mayor número de clientes en el menor tiempo posible, el constante fomento de la competencia entre compañeros, los tiempos de entre llamadas que apenas unos segundos y la más grave: la obligación de desconectarse de las propias emociones para mantener durante horas la amabilidad ante las constantes agresiones verbales de los clientes. Todo ello sumado a salarios de miseria que cada año son absorbidos por el SMI y la incertidumbre de que quedarse sin empleo si un mes no alcanzan los objetivos.

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